dimecres, 17 d’agost de 2011

¿Preocupados?

Una tercera parte de la humanidad anda muy preocupada. No es por padecer los efectos de la cacareada crisis económica. Directamente pasan hambre. El catorce por ciento de ellos no tiene ni tiempo para llegar a ese resultado intelectual que supone la preocupación, se muere de inanición, de sed y de enfermedades que aquí solucionamos con un antibiótico o un antidiarreico.

Efectos colaterales, dicen unos. Pobreza y miseria, decimos otros. Esta legión de preocupados se nos muere en directo, son telón de fondo de un reportaje vespertino, en los informativos matinales e incluso en la sobremesa. Son esos preocupados que se mueren si se quedan en sus países, también si se van de ellos. Mueren si se les recuerda porque ya es tarde y mueren de olvido, que es la forma más triste de morir. A lo más que pueden aspirar estos preocupados, es a convertirse en estadística necrológica.

Preocupados que arrastran cuerpos famélicos por campos de refugiados, prostíbulos, zonas de confinamiento, países pobres, barrios marginales. Son la versión actualizada de la diáspora humana que busca un rincón para su supervivencia. Son los parias de la tierra.

Preocupados perseguidos, maltratados, asesinados por tribus rivales, facciones rivales, milicias rivales, etnias rivales, ejércitos regulares rivales, ejércitos paramilitares rivales y ejércitos de salvación de amigos. Son la carne de cañón de mafias, proxenetas y moscas portadoras de alguna enfermedad. Se pasan su corta vida preguntándose contra qué mandamiento de la ley de su dios han podido atentar para merecer tan duro castigo. No existe respuesta.

Otra parte de la humanidad se encuentra preocupada por su endeudamiento, por su hipoteca, por llegar a final de mes, por el futuro de sus hijos, por el suyo propio. Preocupados por no atravesar esa delgada línea que existe entre la dignidad y la pobreza, entre disponer de un trabajo o ser usuario de los servios sociales. Preocupados y desconcertados por estar en manos de una cierta clase (en el sentido marxista de clase) que se pasa la ética y la estética por el forro.

Estos preocupados andan preocupados por comprobar que los responsables de esta crisis ni la admiten ni dimiten. Ni tan solo se ruborizan. Preocupados por comprobar que el auténtico poder se encuentra en los fondos especulativos, las empresas de calificación y los medios de comunicación y no en los gobiernos. Preocupados ante tanto atropello, tanta avaricia, tanto acaparamiento de riqueza, tanta duda sobre su futuro.

Preocupados, según una encuesta del diario El País, por la falta de confianza que actualmente los ciudadanos tienen respecto a los políticos, partidos políticos, bancos, gobierno, obispos, sindicatos, administración de justicia, cajas de ahorros, iglesia católica, televisión, parlamento, ayuntamientos, multinacionales, empresarios, tribunales de justicia, fiscales, la obra social de la iglesia, prensa, funcionarios, jueces, y el defensor del pueblo. El último que apague la luz.


Finalmente, existen unos pocos preocupados que continúan viviendo sin preocupación. Despreocupados de que la lista de preocupados cada día sea mayor. Preocupados de diluir la preocupación de los preocupados con subterfugios semánticos y grandes campañas mediáticas. Preocupados de cómo asegurar que no desaparezcan las preocupaciones. Preocupados de cómo gastarse el dinero de los preocupados sin que los preocupados lo noten.

Estos preocupados últimamente andan preocupados por la proliferación –temporal, dicen- de unos preocupados indignados que interpelan con sus eslóganes y su actitud cívica sobre la caducidad del actual modelo social, político y económico en el que se han sustentado los privilegios las clases dominantes.


Qué casualidad que en este momento me venga a la memoria el concepto de “Acumulación Originaria del Capital”.


La verdad es que también yo ando preocupado.

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